miércoles, 26 de agosto de 2009

Estudiar, ¿para qué?

La semana pasada hablaba con una muy buena amiga periodista y me contaba que en su casa no saben que hacer. No es que sufran el azote de la crisis, es una familia bien parecida, su madre es funcionaria y no baja de un sueldo de 3.000 euros al mes, ese tipo de sueldo que yo sólo veré si algún día me toca la lotería. Resulta que no saben que hacer con el miembro más pequeño de la familia, su hermano de 21 años.

El chaval estudia historia y de milagro. Después de acabar su reglamentario bachillerato el joven, pasó su año sabático matriculado en Económicas, una carrera que no le gustaba. Al final de tanto leer libros de historia, se creyó valer para el tema y dos años después, me disculpe su hermana, cuando voy a decir que en su segundo año matriculado en primero sólo ha aprobado dos asignaturas, algo que resulta ridículo para una persona que dice ser amante de la historia.

Lo mejor es que este no es un caso aislado y lo peor, no es un caso extremo. Según la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. Muchos dirán: “¡por lo menos el chaval estudia!”. Él mismo lo dice, una frase a la que además añade otra sentencia que lleva camino de convertirse en un tópico en nuestra sociedad: “ahora soy joven tengo que disfrutar, cuando sea más mayor ya veremos”. Y ahora viene el punto más duro; aunque me cueste tengo que darle la razón.

La sociedad Ni-Ni
Cuando sea adulto el ahora chaval se encontrará con una sociedad española que no valorará su esfuerzo de juventud. Da igual si se saca la carrera de historia o no, dará igual si tiene esta licenciatura de letras o cuatro de ciencias, no tendrá importancia cuantos idiomas tenga o las prácticas que haya hecho durante sus años de estudiante. Todo dará igual porque su esfuerzo no pasará de 800 euros al mes con contrato temporal.

Los psicólogos que son muy de poner nombres a todo ya han bautizado a chicos como el hermano de esta amiga mía: “la Generación Ni-Ni”, ni estudia, ni trabaja.
Hasta los años 80, un joven que estudiara una carrera tenía claro que cuando saliera de ella iba a tener trabajo, además bien remunerado. Con su esfuerzo de estudio personal un chaval de los 80 iba a diferenciarse intelectual y económicamente de aquel que no había querido estudiar. Ahora, no. En la actualidad el que trabaja como una pieza intercambiable en una fábrica de cualquier sector cobra como poco 1.100 euros. Un recién licenciado debe conformarse con el paro, con una beca de 400 euros al mes o con un trabajo de 800 euros en un McDonal's o similar. De todo esto también hay datos, según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios. El 63% de los españoles son “mileuristas” o están por debajo de esa “mágica cifra”, según un informe elaborado por el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha). Si nos quedamos en la Comunitat Valenciana, son siete de cada diez los “mileuristas”. Con este panorama, no sólo tengo que darle la razón a mi protagonista sino que irremediablemente me tengo que poner a sus pies.

Para analizar las causas de este fenómeno no tendría espacio suficiente en este post; nuestro modelo productivo basado en no sabemos exactamente qué pero que se reduce a hacer ricos a unos pocos, un nivel educativo bajo, una sociedad en la que ha desaparecido la cultura del esfuerzo al mismo tiempo que las ganas de cambiar las cosas y aunque no quería por una vez acabar en la política, lo voy a tener que hacer. En el informe ¿Qué quieres ser de mayor? de Adecco, en el cual se encuesta a niños entre 4 y 16 años, un tercio de ellos asegura que para tener un futuro asegurado se hará amigo de un político.

Parece ser que lo han conseguido. Nuestros políticos han pasado de gobernar o convertirse en una oficina del INEM. Fuera de bromas, es un argumento más para la Generación ni-ni: “para que voy a estudiar, si siendo amigo de un político tengo el futuro asegurado”. Y los que jueguen limpio, los que no se sientan cómodos en este modelo que estamos construyendo entre todos, pueden estudiar, pero ya saben que de 1.000 euros no van a pasar.